Existen momentos precisos y objetos determinados que no se miden por la lógica exacta de la métrica ni de la materia. Ocurre a veces con esos viajes que duran exactamente 11 canciones o, tal vez, dos películas. Estás en el asiento hasta que, de repente, caes en la cuenta de que no te importa llegar, simplemente, esperas una melodía más, una secuencia nueva. Y así pasa un poco con todas aquellas cosas cuyo significado queda corto porque a ellas no llega la palabra, la simple denominación. Ocurre con objetos inaccesibles pero también con otros cotidianos: aquella taza de café, el bolígrafo siempre de color azul, la camisa blanca que compraste en tal lugar.

 

Y si nosotras, como marca, tuviésemos que materializar con un objeto lo que es un tesoro inexplicable o, quizás, un amuleto diríamos, sin duda alguna, los bolsos y capazos keniatas. “Pero solo son unos bolsos” dirán muchos.

 

Y sí, es cierto, solo son unos simples bolsos artesanos que en Kenia denominan Kiondos. Unos bolsos elaborados con fibra de sisal y tejidos a mano que, tradicionalmente, las madres de Kenia regalaban a sus hijas el día de su boda. Unos bolsos sí, pero que representan y transmiten todo aquello que nos gusta, que intentamos defender, que nos define y que es difícil verbalizar.

 

Los bolsos keniatas son productos artesanos, elaborados cuidadosamente a mano en Nairobi con fibra de sisal y asa de cuero, 100% libre de plásticos. Unos bolsos que huelen a buen tiempo, que están pensados para durar muchos (muchos) años y completamente antagónicos a esa denominación tan fría como la del ‘fast fashion’, porque no hay nada de “rápido” en ellos. Para poder elaborarlos necesitan tiempo, necesitan calma y, sobre todo, necesita de personas que amen el café despacio, las tardes largas y eso tan antiguo de esperar al momento idóneo y el instante perfecto.

 

Y estamos muy felices de que hayan encontrado en nuestra casa, pero también la vuestra, su pequeño rincón.