Instagram se ha convertido en una ventana al mundo sublime y, en muchas ocasiones, falsa. Un supuesto mundo ideal en el mujeres y hombres perfectos se fotografían en escenarios perfectos. Una (maldita) excelencia llevada al extremo, que (en ocasiones) roza lo frustrante para el resto de los mortales.

Pero como la red, en el fondo, es maravillosa, contra toda esa fachada preestablecida se ha extendido como la pólvora el movimiento #BodyPositive. Mujeres y hombres reales, defendiendo una vida real, en unos cuerpos reales. Un movimiento que trasciende al género, a la condición o al sexo y que va más allá. Una especie de anti-postureo; un alto en el camino necesario; y una manera de gritar que, sea lo que sea, tu vida es tuya, tu cuerpo también y solo por ello ya es perfecto.

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